Cómico Bueno, Cómico Muerto es un musical de pequeño formato y grandes risas.
Y empieza como todos los musicales: con una canción de presentación de personajes.

En el mejor bar de monólogos de la ciudad, Ricardo Castella (Ricardo Castella) y un cómico novato
que responde al nombre artístico “El cómico sin nada en la cabeza” (Juan Diego Martín) comparten función.

El bar obliga a hacer monólogos muy cortos, separados por descansos. Después de su primera actuación,
Ricardo Castella le revela a “El cómico sin nada en la cabeza” el secreto de su éxito:
va a ver a cómicos desconocidos y, si le hacen reír, les copia... sin dejar huellas.

El cómico novato sabe que, si hace reír a Ricardo, éste le copiará. Sin dejar huellas. Y le toca salir a actuar.

A lo largo de las pausas entre monólogos, los dos monologuistas se batirán en un duelo, sin interrumpir nunca el espectáculo,
sin dejar de hacer reír, y cantando y tocando en directo, hasta el impredecible final.

Luego hay dos finales más, también totalmente inesperados.